
“Hazme saber, Señor, el límite de mis días,
Salmo 39:4 (NIV)
y el tiempo que me queda por vivir;
hazme saber lo efímero que soy.”
Leyendo mi Biblia me llamó la atención este versículo donde David habla de lo efímero, refiriéndose a la brevedad de la vida. Encontré que la palabra efímero viene del vocablo griego ‘ephemeros’ que significa algo pasajero o de breve duración. Entendí que Dios me estaba hablando de reconocer lo efímera que soy y de las consecuencias de tenerlo en mente.
La primera consecuencia es empezar a reconocer la grandeza de Dios por encima de mis inseguridades y preocupaciones. Si yo soy solo un instante, Él debe ser mucho más: eterno.
Tener en presente lo efímera que soy me permite aprender a disfrutar, aprovechar lo que vivo hoy; aun lo que hoy Dios está tratando en mi carácter, en mi corazón etc. Pero primero debo ponerme de acuerdo y realinearme con el corazón de Dios, sacando todo aquello de mi vida lo que no le refleja a Él.
Enfocar mi mirada en lo eterno significa dejar de lado mi preocupación y lo que todavía no logro ver en mi; mirar con ojos puestos en la vida eterna y buscar ver lo que realmente vale: como sus verdades y promesas.
Este cambio de mirada me lleva a poner toda mi esperanza en el Señor y darme cuenta que realmente todo lo que no tenga Dios como el centro no vale la pena. Nuestro único lugar seguro siempre va a ser en el Señor.
Nuestro paso por esta tierra es corto y efímero y por eso debemos darle valor a lo que realmente vale. No perdamos el tiempo en lo “obvio” sino aprovechemos lo que ya tenemos. Siempre va a haber momentos difíciles, pero si tenemos nuestra esperanza puesta en el lugar correcto vamos a poder sacar muchas riquezas de la misma.
Reconocer lo efímero que soy me lleva a estar en paz al saber que no soy yo quien está al control, sino es Dios en cada detalle de mi vida.
Jesarela Toccaceli es de La Plata y es obrera de Jucum Rosario hace un año. Sirve en los ministerios de Aurora Boreal, alabanza y King’s Kids.
